Problemas de la lactancia materna
Forma inadecuada de los pezones
Pezones planos o invertidos
Los pezones planos o invertidos no constituyen un obstáculo para la lactancia materna, pero requieren mayor atención por parte de la madre en el momento de colocar al niño al pecho. Al principio, el bebé pierde con mucha facilidad el pecho con este tipo de pezón. Por ello, durante una misma toma puede soltar el pecho muy frecuentemente y tener que volver a agarrarlo. La madre debe armarse de paciencia y ayudar al bebé a adaptarse a mamar precisamente de ese pecho. Si la mujer no se angustia, enseña con paciencia al niño a agarrar correctamente el pecho y le permite succionar tanto tiempo como desee, logrará el éxito, ya que la succión prolongada en posición correcta estira el pezón y le da una forma más adecuada.
Pezones demasiado grandes o demasiado largos
Los pezones excesivamente grandes o largos también provocan dificultades al agarrar al niño al pecho, pues en este caso el bebé tiene más posibilidades de tomar mal el pecho. Sin embargo, la persistencia y la paciencia de la madre siempre son recompensadas al final. Incluso un bebé muy pequeño es capaz de succionar correctamente un pezón muy grande si se le coloca en posición adecuada.
En caso de esta forma de pezones, la mujer debe abstenerse de usar cualquier tipo de sacaleches, ya que su uso podría agrandar aún más un pezón ya de por sí grande o largo. A las mujeres con pezones grandes o largos solo se les recomienda el ordeño manual.
Falta de leche
«¡No me alcanza la leche!» es la queja más frecuente de las madres primerizas. En la mayoría de los casos, esta conclusión es resultado de la inseguridad en sus propias capacidades o una justificación para pasar rápidamente a la alimentación con biberón. Por lo general, las causas de tales quejas y sospechas de insuficiencia de leche son:
- el niño se pone al pecho con mucha frecuencia;
- las tomas son prolongadas;
- el pecho está blando.
Todas estas preocupaciones son infundadas. Las madres que presentan estas quejas suelen tener suficiente e incluso abundante leche, pero les falta confianza en su capacidad para amamantar. En primer lugar, la mujer debe saber que las tomas frecuentes y prolongadas en los primeros meses de vida del niño son normales. En segundo lugar, existen pruebas simples y fiables para verificar si el niño recibe suficiente leche.
Prueba de los pañales mojados
Es importante saber con qué frecuencia moja los pañales el niño. Debe orinar seis veces o más al día, y la orina debe ser incolora o de color amarillo pálido. Si el niño está exclusivamente al pecho y orina al menos seis veces al día, recibe suficiente leche materna. Si, durante sus períodos de vigilia, orina cada 10–15 minutos, se puede concluir que sus necesidades de leche están plenamente satisfechas.
Si realmente hay insuficiencia de leche, existen numerosos medios para aumentar su producción.
Niño prematuro o de peso bajo
Casi todos los niños de bajo peso pueden alimentarse con leche materna. La leche de las mujeres que dan a luz de forma prematura difiere en composición de la leche de las mujeres que paren a término. La leche «prematuro» tiene mayor valor calórico que la leche madura habitual. Contiene más proteínas, mientras que el porcentaje de grasas es menor, lo cual se adapta óptimamente a la digestión en niños prematuros.
Los recién nacidos que han alcanzado las 34 semanas de desarrollo intrauterino ya saben succionar y tragar. Pueden alimentarse por sí mismos tras alcanzar los 1800 g de peso. Los niños de bajo peso duermen mucho y no tienen fuerzas suficientes para mamar con la frecuencia y duración necesarias, por lo que requieren suplementación. Es muy importante que a estos bebés débiles no se les dé el biberón, sino que se les administre la leche complementaria con taza, cuchara o pipeta. Mientras el bebé no comience a estimular el pecho con succión frecuente, la madre debe ordeñarse 8–10 veces al día y complementar al niño con la leche extraída tras cada toma, cuando el bebé se canse de succionar. Las madres de niños prematuros o de bajo peso necesitan un apoyo más activo de su entorno para continuar con la lactancia; por ello, recomendamos que estas madres comiencen lo antes posible a recibir apoyo de especialistas y consultas telefónicas de madres de grupos de apoyo a la lactancia, incluso durante su estancia en la clínica o maternidad.
Las cuestiones sobre la prescripción de medicamentos o agua como tratamiento deben resolverse únicamente con un pediatra competente, familiarizado con la fisiología de la lactancia y la biología de la alimentación materna. Por regla general, el médico de la consulta pediátrica no es ese especialista.
Ganancia insuficiente de peso o estancamiento en la ganancia de peso
La causa principal de la ganancia insuficiente o el estancamiento en la ganancia de peso en los primeros meses de vida es una lactancia mal organizada. Si, tras establecer una lactancia completa y observar micciones frecuentes, no aparece una dinámica positiva en la ganancia de peso, deben buscarse otras causas, siendo la principal un factor de malestar psicoemocional en el niño, que deberá eliminarse.
Deficiencia de lactasa
La deficiencia de lactasa —es decir, la insuficiencia de la enzima que descompone la lactosa, el azúcar de la leche materna— es consecuencia de una lactancia incorrectamente organizada, cuando el lactante no recibe suficiente leche tardía. Al recibir en exceso leche inicial y, por tanto, una cantidad elevada de lactosa, esta no se digiere completamente y aumenta su concentración en las heces del niño. En caso de deficiencia de lactasa, el bebé no necesita tratamiento, sino la correcta organización de la lactancia materna.
Niño con ictericia
La ictericia neonatal suele aparecer entre el segundo y tercer día de vida y desaparecer entre el décimo y el cuadragésimo quinto día. Por lo general, se debe a la inmadurez hepática del recién nacido. Solo requiere tratamiento si adquiere formas graves.
La ictericia neonatal no puede ser motivo para interrumpir la lactancia materna. Con frecuencia, su aparición se explica porque el niño recibe poca leche materna. Esto puede deberse a un inicio tardío de la lactancia (por ejemplo, si se comenzó a poner al pecho recién al segundo o tercer día tras el parto) o a una frecuencia y duración insuficientes de las tomas. La ictericia es más marcada en niños prematuros y debilitados debido a su inmadurez. Una buena prevención de la ictericia prolongada es el calostro; por ello, es fundamental iniciar la lactancia en la primera hora de vida.
Si al niño le alcanza la leche materna, los signos de ictericia desaparecen relativamente rápido. Pero si se le administra agua con glucosa, solo agua u otra sustancia, no solo no tendrá efecto positivo, sino que además puede interferir en la lactancia y agravar la ictericia. Además, al dar agua al recién nacido, los signos externos de ictericia pueden desaparecer rápidamente, pero la introducción de líquidos ajenos en su sistema digestivo puede dañar su hígado, ya que la velocidad de eliminación de bilirrubina es individual en cada bebé y acelerar este proceso es peligroso. En casos de ictericia, los recién nacidos pueden estar demasiado somnolientos y no quieren mamar con frecuencia ni activamente. En tal caso, el niño puede necesitar suplementación con leche materna. Por ello, la madre debe ordeñarse y administrarle la leche extraída con taza o cuchara cada 2–3 horas durante varios días.
Ictericia por leche materna
Tras una demora en el inicio de la lactancia o al reanudarla tras una interrupción, puede aparecer en el niño la llamada «ictericia por leche materna». Esta ictericia, por regla general, dura varias semanas y no representa riesgo para la salud del niño: se siente bien y gana peso adecuadamente. Ante la sospecha de ictericia por leche materna, es necesario realizar un análisis de sangre para medir la bilirrubina. Solo se requiere tratamiento si los niveles de bilirrubina son altos (más de 240 unidades); si son inferiores, no hay motivo de preocupación: disminuirán gradualmente en 3–10 semanas, manteniendo la lactancia materna exclusiva.
Frenillo lingual corto
El frenillo lingual corto en el recién nacido no es un obstáculo para la lactancia, ya que se estira durante la succión. Si el frenillo tiene poca elasticidad, el médico puede realizar una pequeña incisión. Normalmente, dos horas después de esta intervención, el niño ya puede succionar con facilidad.
El niño rechaza el pecho
Este problema suele estar relacionado con un cuidado inadecuado del niño. Incluso si el bebé presenta malestar, el médico no siempre distingue si su comportamiento es consecuencia de una enfermedad o de un mal cuidado. Ante cualquier rechazo del pecho, primero se necesita la consulta de un instructor de arte maternal (especialista en cuidado del recién nacido y lactante) y de un consultor de lactancia. Solo si, tras aplicar todas las recomendaciones de estos especialistas, el problema persiste, será necesario llamar al médico. La práctica demuestra que el 95 % de los problemas en los primeros meses de vida están relacionados con la calidad del cuidado, y solo el 5 % restante requiere intervención médica.
Lactancia en caso de enfermedad de la madre o el niño
Ya se mencionó anteriormente que, ante una infección materna, su organismo produce anticuerpos contra el agente causal de la enfermedad. El niño comienza a recibir estos anticuerpos desde el primer minuto de la infección materna, no cuando aparecen los síntomas clínicos. Por ello, o bien no enferma, o ya está infectado en el momento en que la enfermedad se manifiesta. Por consiguiente, en caso de enfermedad materna se recomienda mantener la lactancia. Interrumpirla priva al niño del único medicamento único y personalizado que puede recibir: la leche materna. Esta privación puede empeorar el estado tanto del niño sano como del enfermo. Los niños privados de la protección inmunológica que brinda la leche materna enferman con más frecuencia y se recuperan más lentamente que aquellos que no fueron separados del pecho.
No obstante, existen enfermedades tradicionalmente consideradas contraindicaciones para continuar la lactancia. En el Boletín de la OMS de 1989 se incluye una lista de enfermedades que no contraindican la lactancia materna. Para cada enfermedad se citan referencias bibliográficas e informes científicos detallados. Además, la lista incluye características fisiológicas de la madre, factores externos, así como características fisiológicas y enfermedades del niño que no impiden la lactancia. Presentamos dicha lista.
Características fisiológicas de la madre:
- Insuficiencia de lactancia (1–2 % de los casos en la población; se puede alimentar de forma mixta);
- Pechos invertidos;
- Embarazo concurrente;
- Nutrición insuficiente de la madre.
Enfermedades de la madre:
- Mastitis (incluso durante tratamiento con antibióticos);
- Absceso mamario (continuar lactancia del pecho sano);
- Infecciones del tracto urinario (incluso con antibióticos);
- Tuberculosis (posible con tratamiento materno y profilaxis farmacológica en el niño);
- Todas las infecciones virales, incluyendo hepatitis B, herpes simple e incluso VIH (con salvedades);
- Cáncer de mama.
Factores externos:
- Prescripción de medicamentos (lista limitada);
- Contaminación ambiental.
Características fisiológicas y enfermedades del niño:
- Prematurez;
- Bajo peso al nacer;
- Niño de gemelos;
- Ictericia por leche materna;
- Enfermedad infecciosa;
- Hemorragia neonatal;
- Diarrea.