Dolor en los pezones
El dolor en los pezones es una queja bastante frecuente que surge en las madres al comienzo mismo de la lactancia. Esto se debe a que la piel del pecho necesita tiempo para adaptarse al proceso de amamantamiento. Por regla general, el dolor se siente en el momento en que el recién nacido toma el pezón y desaparece inmediatamente cuando el niño ya ha cogido el pecho y comienza a succionar activamente. Este fenómeno desaparece sin ningún tipo de tratamiento en el transcurso de una semana, y en raras ocasiones en dos semanas de lactancia. Lo único que hay que vigilar es la corrección de la posición del niño al pecho, lo cual incluye un agarre adecuado y una postura cómoda durante la alimentación.
Inflamación y lesiones en los pezones
La inflamación de los pezones suele ser consecuencia de una posición incorrecta del niño al pecho. En caso de inflamación, la mujer sigue sintiendo dolor incluso después de que el niño ha comenzado a succionar, y esta sensación dolorosa se intensifica durante la toma. Al agarrar mal el pecho, el niño succiona únicamente el pezón, lesionando la delicada piel en la base del mismo. La alimentación en posición correcta no solo permite evitar este problema, sino también corregirlo si ya ha comenzado la inflamación.
La inflamación de los pezones también puede surgir incluso con una posición correcta del niño al pecho si la madre lava los pezones con jabón demasiado a menudo o utiliza almohadillas impermeables. Para evitar molestias, es importante seguir las normas de cuidado del pecho:
• lavar el pecho sin jabón, como máximo una vez al día durante la ducha higiénica;
• dejar el pecho al aire tras finalizar la toma, para que se seque naturalmente;
• no utilizar almohadillas impermeables, ya que crean un «vendaje oclusivo».
Al seguir estas recomendaciones sencillas, la inflamación de los pezones desaparece en 1–3 días.
Ampolla y excoriación
A veces, al comienzo mismo de la inflamación, se forma una ampolla o una excoriación en el pezón. Si la zona inflamada del pezón cambia de color a blanco, se trata de una ampolla; si cambia a rojo oscuro, se trata de una excoriación. Tanto la ampolla como la excoriación son distintas formas de inflamación del pezón y se tratan con los mismos métodos.
En caso de inflamación del pezón, se recomienda tratar la zona lesionada con pomadas «Purélan», «Bepanthene» o «Solcoseryl»; también pueden usarse compresas con aceite vegetal para ablandar la piel en la zona afectada. Durante el tratamiento, no se limita la frecuencia ni la duración de las tomas, siempre que el niño succione en posición correcta. Si, a pesar del tratamiento aplicado, la inflamación no desaparece en 7 días o reaparece, puede sospecharse una infección fúngica (por lo general, candidiasis). Las recomendaciones para el tratamiento de la candidiasis deben ser prescritas por un médico. Habitualmente, se aplica el medicamento tanto en el pezón como en la boca del niño.
Grietas en el pezón
Las grietas en el pezón surgen en los siguientes casos:
• el niño succiona el pecho en posición incorrecta;
• la madre lava el pecho con jabón antes y después de cada toma;
• no se tomaron medidas adecuadas para tratar la inflamación del pezón.
La grieta provoca un dolor intenso durante la alimentación. De la grieta puede salir suero y, durante la toma, sangre. Esta lesión mamaria puede convertirse en «puerta de entrada» para infecciones, lo que podría provocar mastitis. Por ello, ante la aparición de una grieta en el pezón, se requiere tratamiento inmediato.
Para el tratamiento se aplican las mismas recomendaciones que en caso de inflamación del pezón. Para acelerar la cicatrización de la grieta, sirve cualquier pomada para heridas que no tenga olor fuerte. La pomada se aplica durante un período prolongado, suficiente para obtener un efecto seguro. Durante el tratamiento de la grieta, se debe suspender la lactancia del pecho afectado durante 12 horas. Durante este tiempo, el niño se alimenta exclusivamente del pecho sano, vigilando escrupulosamente la corrección del agarre, mientras que el pecho lesionado se ordeña al menos tres veces al día. La leche extraída se utiliza para complementar la alimentación si al niño no le basta con la leche del pecho sano. Tras la curación, es necesario vigilar el agarre correcto a ambas mamas y alternarlas sistemáticamente.
Ingurgitación mamaria
La ingurgitación mamaria suele aparecer al comienzo mismo de la lactancia, aproximadamente entre el día 4 y el 9. En este estado, el pecho aumenta considerablemente de tamaño, se vuelve doloroso y duro, y deja de fluir la leche. A veces, este fenómeno se acompaña de fiebre (superior a 38 °C). Se relaciona con la llegada activa de la leche.
Para superar este estado, es necesario restablecer el flujo de leche. Lo mejor es lograrlo mediante tomas frecuentes y succión prolongada por parte del niño. Pero a veces el niño no puede agarrar bien el pecho ni extraer leche porque la areola se vuelve muy dura. En tal caso, un ligero ordeño previo a la toma ayuda a ablandar la areola y permite al niño agarrar correctamente el pecho y extraer la leche. Si estas medidas no funcionan y el niño sigue sin poder agarrar el pecho, es necesario ordeñar manualmente hasta sentir alivio. Entonces, el bebé podrá tomar el pecho y aliviar el estado de la madre. Si el flujo de leche se organiza correctamente, la ingurgitación desaparece en 24 horas y la fiebre cede espontáneamente.
Para limitar la producción activa de leche, se recomienda a la madre lactante reducir el consumo de líquidos a 1–2 vasos diarios. Si la fiebre persiste más de dos días, es necesario llamar a una consultora de lactancia, quien examinará el pecho en busca de induraciones, ayudará a ordeñarlo correctamente, enseñará a la madre el agarre adecuado y realizará las indicaciones necesarias para superar la ingurgitación.
Lactostasis
Cuando uno de los conductos galactóforos pierde permeabilidad, se dificulta la salida de la leche, la cual se acumula formando una induración denominada lactostasis. La lactostasis consiste en una pequeña induración dolorosa a la palpación. A veces, su aparición se acompaña de enrojecimiento de la piel o fiebre (superior a 38,5 °C). Normalmente, durante los primeros días la induración no se manifiesta ni afecta al bienestar de la mujer.
La causa de la lactostasis puede ser un agarre incorrecto del niño al pecho, una postura incómoda durante la alimentación, tomas poco frecuentes o breves, o el uso de ropa ajustada. Según la experiencia práctica, en mujeres cuyos hijos maman con frecuencia y durante mucho tiempo, las induraciones aparecen muy raramente. No obstante, con relativa frecuencia ocurren casos en que la lactostasis surge sin causa aparente y, con succión activa del niño, desaparece en 1–2 días sin medidas especiales. Esto sucede especialmente a menudo durante la lactancia en el segundo año de vida del niño.
Para tratar la lactostasis, en primer lugar es necesario permitir al niño mamar libremente del pecho afectado. Para hacer el tratamiento más eficaz, antes de la toma conviene ordeñar al máximo el pecho afectado. Esto permite al niño extraer eficazmente la induración. Para facilitar el ordeño, se puede calentar previamente el pecho y masajear el segmento afectado. Tras el ordeño, se pone al niño al pecho afectado.
El tratamiento de la lactostasis es mejor realizarlo bajo la supervisión de una consultora de lactancia. La gravedad de la situación no depende del grado de fiebre o del dolor mamario, sino de la capacidad de la mujer para ordeñarse a pesar del dolor. Precisamente el dolor impide a la madre realizar un ordeño eficaz. Por ello, es preferible recurrir a la ayuda de una especialista, quien resolverá esta complicación en 30 minutos.
Mastitis y absceso mamario
Complicaciones más graves de la lactancia son la mastitis y el absceso mamario. Suelen aparecer en presencia de inflamación, excoriación o grieta en el pezón, o cuando la madre cambia su rutina (por ejemplo, al reincorporarse al trabajo), si está cansada o preocupada y, por tanto, no presta al niño la atención debida ni lo pone al pecho con la frecuencia necesaria. En casos de mastitis o absceso, la mujer debe recibir asistencia de una consultora especializada en lactancia.
Mastitis
La mastitis se produce cuando una infección penetra en el tejido mamario a través de grietas o excoriaciones en el pezón. En la mastitis, el estado general de la mujer empeora, sube la fiebre, y una parte del pecho se vuelve roja, caliente, hinchada y dolorosa al tacto.
El tratamiento de la mastitis debe iniciarse inmediatamente. Esto permite resolver rápidamente la situación y evitar complicaciones. El tratamiento es igual que en la lactostasis. A pesar del cambio en la leche, durante la mastitis se mantiene la lactancia, ya que el tratamiento solo será eficaz si el pecho se vacía regular y completamente —y nadie vacía mejor el pecho que el propio niño. La lactancia ilimitada ayuda a prevenir la mastitis.
Absceso
El absceso mamario suele ser consecuencia de una mastitis no tratada, complicada por infección. En el absceso, se forma una tumoración dolorosa, caliente y brillante en el pecho; al palparla, da la impresión de estar llena de líquido. El absceso también puede formarse sin mastitis previa. En ese caso, la mujer se siente algo mejor y su pecho está más blando.
El tratamiento del absceso consiste en ordeñar regularmente el pecho afectado y administrar un ciclo de antibióticos para eliminar la infección. Durante el absceso, el niño debe continuar alimentándose únicamente del pecho sano.
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