jueves, 15 de enero de 2026

Reglas fundamentales para una lactancia materna exitosa

Reglas fundamentales para una lactancia materna exitosa

Las reglas fundamentales para una lactancia materna exitosa deben dividirse en: 1) reglas para partos clínicos, y 2) reglas para partos biológicamente adecuados en el entorno doméstico. Estas reglas difieren ligeramente entre sí. En este capítulo consideraremos, ante todo, las reglas para una lactancia materna exitosa en el contexto de partos clínicos:

  1. Primera puesta al pecho dentro de la primera hora tras el nacimiento.
  2. Exclusión de la alimentación del recién nacido con biberón u otro método antes de que la madre lo ponga al pecho.
  3. En caso de parto clínico, alojamiento conjunto de madre e hijo en la misma habitación.
  4. Alimentación exclusivamente materna durante los primeros días de vida del niño.
  5. Posición correcta del niño al pecho.
  6. Alimentación a demanda del niño en caso de parto clínico o parto en agua.
  7. La duración de la toma la regula el niño: no se debe separar al niño del pecho antes de que él mismo suelte el pezón.
  8. Tomas nocturnas y sueño compartido de madre e hijo.
  9. Exclusión de la administración de líquidos complementarios o suplementos alimenticios hasta los 6 meses de edad.
  10. Abandono total del uso de tetinas, chupetes y alimentación con biberón. En caso necesario de suplementación, ésta debe administrarse únicamente con taza, cuchara o pipeta.
  11. Exclusión del lavado de los pezones antes y después de cada toma.
  12. Exclusión del ordeño adicional de leche tras cada toma.
  13. Abstención de pesajes de control frecuentes del niño tras el alta hospitalaria, realizados con mayor frecuencia que una vez por semana.
  14. Apoyo a las madres que amamantan a sus hijos más allá del primer año.
  15. Mantenimiento de la lactancia materna hasta los 2,5–3,5 años de edad del niño.

Primera puesta al pecho

La primera puesta del recién nacido al pecho materno debe producirse dentro de la primera hora de vida, en el momento en que aparece el comportamiento de búsqueda. Es precisamente esta primera puesta, realizada en el plazo fisiológico, la que permite al bebé formar un hábito estable de agarre correcto del pecho. Además, en esta primera puesta el lactante recibe las primeras gotas de calostro —apenas 2 mililitros—. Sin embargo, incluso esta mínima cantidad de calostro desempeña un papel fundamental en la formación de la inmunidad y en la reducción de la morbilidad neonatal; constituye asimismo un estímulo clave para la lactancia, garantizando su éxito y duración.

Exclusión de la alimentación previa al pecho

Se denomina "alimentación previa al pecho" (prelactancia) a la primera alimentación del recién nacido no con el pecho materno, sino con biberón. Si al niño se lo separa de la madre y recibe en primer lugar una tetina en lugar del pecho, aumenta considerablemente el riesgo de que la madre abandone la lactancia o ni siquiera la inicie. Esta alimentación previa es muy peligrosa por las siguientes razones:

  • El niño no recibe calostro —alimento temprano biológicamente adecuado y agente terapéutico que cumple la función de protección inmunitaria—;
  • Si al niño se le alimenta desde el inicio con biberón y no con el pecho, puede desarrollar confusión de tetinas y no querrá ni podrá tomar el pecho materno con éxito.

Según investigaciones de la OMS, basta con uno o dos episodios de alimentación previa al pecho para que la lactancia materna no se establezca.

Alojamiento conjunto de madre e hijo

Inmediatamente tras el traslado de la madre y el niño desde la sala de partos a la unidad postparto, debe garantizárseles el alojamiento conjunto en una habitación «madre-hijo», donde la cuna del bebé se sitúe junto a la cama de la madre. Esto permite a la madre comenzar desde el principio a comunicarse con su hijo: puede estar con él en la misma cama, dormir juntos, amamantarlo, bañarlo si es necesario, y tomarlo en brazos cuando lo desee. Desde el momento en que madre e hijo ingresan en la habitación de alojamiento conjunto comienza el proceso de adaptación mutua y aprendizaje compartido de la lactancia.

Las ventajas del alojamiento conjunto son las siguientes:

• La madre puede responder al niño, lo que favorece el establecimiento de vínculos emocionales;

• El niño llora menos, por lo que hay menos motivos para ofrecerle el biberón;

• Las madres confían más en la lactancia materna;

• Aumenta la duración total diaria de las tomas.

Alimentación exclusivamente materna en los primeros días de vida del niño

Es muy importante evitar cualquier tipo de suplementación o administración de líquidos durante los primeros días tras el nacimiento. La introducción de cualquier líquido o fórmula láctea impide o reduce la posibilidad de obtener calostro y traumatiza al organismo del recién nacido. La suplementación en los primeros días sólo está justificada si el niño nació por cesárea y la madre presenta alteraciones en la producción de leche.

Posición correcta del niño al pecho

La posición correcta del niño al pecho implica un agarre adecuado, estrechamente vinculado al mecanismo mediante el cual el niño succiona la glándula mamaria, así como una postura cómoda durante la toma.

El proceso de succión del pecho

Las manipulaciones específicas que realiza el niño con el pecho se denominan «succión» (suckling en inglés). La simple succión (sucking) es lo que el niño hace con su pulgar u otro objeto sólido. Al recién nacido sano y a término le son propios tres reflejos que le ayudan a succionar el pecho y alimentarse:

Reflejo de búsqueda: ayuda al niño a encontrar el pezón. Si se toca el labio inferior o la mejilla del recién nacido, girará la cabeza en esa dirección y abrirá la boca.

Reflejo de succión: si algo que entra en la boca del niño toca su paladar, comienza a succionar. En las primeras horas de vida, este reflejo puede ser muy intenso.

Reflejo de deglución: cuando la boca del niño se llena de leche, la traga.

Obsérvese que existe un reflejo que permite al niño localizar el pezón, y otro que lo impulsa a succionar al contacto del pezón con el paladar. Sin embargo, no existe un reflejo que le ayude a mantener el pecho en la boca. Precisamente en esto debe aprender, y aquí necesita la ayuda de la madre. La lactancia materna es un proceso de interacción entre madre e hijo y no puede lograrse únicamente con los esfuerzos del bebé.

El proceso de succión del pecho debe entenderse como dos acciones:

  1. Elongación del pecho en forma de pezón: el niño no agarra solo el pezón, sino también la areola —la zona del pecho donde se encuentra el seno galactóforo—. El niño debe elongar el pecho en forma de «pezón», que es considerablemente más largo que el pezón en sí. El pezón representa solo un tercio de esta «estructura alargada». A veces, justo después de que el niño deja de mamar, puede observarse cómo el pecho ha quedado estirado.
  2. Compresión de la areola elongada mediante la lengua contra el paladar: a lo largo de la lengua del niño, desde la punta hasta la raíz, se produce una onda similar a la peristalsis. Esta onda exprime la leche del seno galactóforo hacia la boca del niño, permitiéndole tragarla. Durante la toma, a menudo puede verse la punta de la lengua del niño por encima del labio inferior. La lengua, en efecto, «succiona» el pecho, similar al efecto de las ventosas. 

Preste atención a las siguientes disposiciones importantes:

  • La succión ayuda a elongar el pecho y a mantenerlo dentro de la boca del niño. La leche no disminuye por la succión.
  • Para que el niño pueda succionar el pecho con éxito, debe tomarlo en una medida suficiente, de modo que su lengua presione sobre el seno galactóforo.
  • No debe haber fricción entre la piel del pezón y la boca del niño.
  • Tanto la madre como el niño deben aprender el agarre correcto al pecho.

Agarre correcto del niño al pecho

En la primera puesta al pecho y en las tomas posteriores, la posición del niño respecto al pecho y la amplitud del agarre de la areola son decisivas para la eficacia de la alimentación. Un momento muy responsable durante la toma es el agarre del pezón por parte del niño. Este agarre debe ser completo y profundo hasta el punto de que el pezón, junto con la parte de la glándula mamaria adyacente a la areola, llene prácticamente toda la cavidad bucal del niño. Para lograr este agarre es necesario que la boca del niño se abra muy ampliamente; si esto no ocurre inmediatamente, hay que ayudar al niño.

Un buen agarre permite al niño succionar con facilidad y también garantiza una buena regulación de la respiración durante la succión del pecho. La eficacia de la succión se logra mediante un masaje rítmico de la areola, realizado por los movimientos de la lengua del niño, es decir, mediante un «ordeño» mecánico real del pecho.

Si el niño agarra y succiona correctamente el pecho materno, puede succionar durante el tiempo que desee sin causar molestias a la madre. Para la mujer lactante, un agarre profundo y adecuado constituye una garantía de protección de la piel del pezón y de la parte adyacente de la glándula mamaria. El agarre correcto previene en la madre la aparición de grietas y excoriaciones en los pezones, la ingurgitación (obstrucción del conducto lácteo) y la mastitis. Por ello, es muy importante aprender a colocar correctamente al niño al pecho y vigilar este aspecto. Si el bebé agarra mal el pecho o cambia de posición durante la toma, es necesario retirarle el pecho y ofrecérselo nuevamente para que lo agarre de nuevo.

En caso de agarre correcto:

  • Agarre correcto y Agarre incorrecto
    la alimentación del niño no provoca sensaciones dolorosas; el dolor puede aparecer únicamente en el momento del agarre del pecho;
  • no surgen lesiones en los pezones, mastitis ni otros problemas;
  • el niño extrae suficiente leche;
  • la duración de la toma carece de importancia.

Agarre incorrecto del niño al pecho

Sucede que el niño no agarra el pecho en medida suficiente y succiona principalmente el pezón. Este fenómeno se denomina «succión del pezón» y constituye la causa habitual de los problemas con la lactancia materna. (figura 3. Imágenes de lado derecho)

Una posición incorrecta durante la lactancia puede provocar:

  • sensaciones dolorosas durante la alimentación y limitación de la duración de la toma;
  • lesiones en los pezones, mastitis, ingurgitación y otros problemas;
  • ingesta insuficiente de leche y crecimiento lento del niño;
  • insatisfacción del niño, quien exige constantemente ser puesto al pecho.

Postura cómoda durante la alimentación

Es muy importante que, durante la toma, la madre adopte una postura cómoda y coloque al niño en una posición adecuada. Para una lactancia exitosa es fundamental que la madre no se canse y pueda relajarse durante la alimentación. Una postura cómoda favorece un buen flujo de leche desde el pecho y previene la ingurgitación. Se puede amamantar acostada, sentada e incluso de pie. La elección de una postura cómoda requiere aprendizaje práctico y ayuda.

Causas del agarre incorrecto del niño durante la alimentación

Hábito del niño a la alimentación con biberón. En la maternidad pudieron darle varias veces el biberón mientras esperaban a que «bajara» la leche, o por otras razones. La alimentación con biberón difiere de la lactancia materna. La tetina de goma es suficientemente larga, por lo que el niño no necesita elongarla. Un niño alimentado con biberón puede rechazar posteriormente el pecho debido a las dificultades para agarrar la glándula mamaria y a los esfuerzos poco habituales que debe realizar para obtener la leche. Intentará succionar el pezón materno como si fuera una tetina de goma. Las dificultades para establecer la lactancia materna tras la alimentación con biberón se denominan «confusión de tetinas».

Inexperiencia de la madre. Puede suceder que a la madre nadie le ayude, o tal vez antes solo haya visto alimentar a niños con biberón, o nunca haya observado una lactancia materna. Podría ofrecer el pecho al niño tal como lo haría con un biberón, o introducirle en la boca únicamente el pezón.

Niño muy pequeño o débil. A un niño así puede resultarle difícil agarrar el pecho en medida suficiente. Además, a los recién nacidos prematuros les cuesta coordinar sus movimientos de succión.

Problemas con los pezones o con el pecho. Esto puede dificultar al niño el proceso de succión. Por tanto, cuando el niño succiona el pecho en posición incorrecta, tanto la madre como el niño necesitan ayuda para corregir dicha posición. Cuanto más tiempo succione el niño en posición incorrecta, más difícil será corregirla.

Alimentación a demanda

Se denomina alimentación a demanda a las tomas frecuentes y prolongadas del niño ante el primer signo de inquietud que precede al llanto, especialmente relevante tras partos clínicos o partos en agua. Las desviaciones en el curso del parto provocan alteraciones en el funcionamiento del sistema nervioso de los niños, lo que con frecuencia origina una succión febril, la cual sólo puede aliviarse mediante puestas frecuentes y prolongadas al pecho.

Frecuencia de las tomas

En caso de succión febril, la frecuencia de las tomas debe regularla el niño. Cualquier inquietud, llanto o comportamiento de búsqueda del niño —cuando mueve la cabeza y atrapa con la boca objetos cercanos— expresa la necesidad de ser puesto al pecho. Al bebé de los primeros meses de vida que ha experimentado un parto clínico o acuático hay que ponerlo al pecho ante cualquier motivo, permitiéndole succionar cuando y cuanto quiera. Esto es necesario no solo para su nutrición, sino también para su comodidad psicoemocional. Para su bienestar emocional, el bebé puede acudir al pecho hasta 4 veces por hora. En total, un bebé de los primeros meses de vida realiza entre 12 y 20 tomas diarias.

Ocurre que, como consecuencia de desviaciones del curso fisiológico del parto, o en caso de nacimiento prematuro o de bajo peso, los niños establecen intervalos largos entre tomas, de 2 a 4 horas. En tales casos, la madre debe ofrecer espontáneamente el pecho al niño ante cualquier motivo. Debe preocuparle si un niño de los primeros meses de vida se pone al pecho con una frecuencia inferior a una vez cada 1,5 horas.

Duración de la toma

No es necesario interrumpir la toma tras un tiempo determinado ni retirar el pecho al niño. Si se sacia, dejará de succionar y soltará el pecho por sí mismo. Puede ocurrir que el bebé se duerma durante la toma y también suelte el pecho. Distintos niños permanecen al pecho durante tiempos diferentes. La mayoría se sacia en 20–40 minutos, aunque algunos pueden succionar durante 1 hora o más. La duración de la succión depende de la sensación de comodidad, vinculada también a la saciedad. Numerosos estudios han demostrado que los «succionadores lentos» ingieren tanta leche como los «activos», pero en periodos de tiempo distintos. Si se retira prematuramente el pecho a un «succionador lento», no recibirá la cantidad necesaria de leche tardía para su crecimiento normal. Por ello, la madre debe permitir al niño decidir por sí mismo cuándo finalizar la toma.

Son especialmente valiosos los momentos en que el niño duerme al pecho y lo succiona lentamente; precisamente en esos instantes se nutre plenamente. Debe preocupar a la madre si el bebé no manifiesta deseos de dormir junto al pecho.

Succión del pecho para obtener comodidad

Los niños no succionan el pecho porque tengan hambre. Acuden al pecho materno para sentir comodidad, máxime cuando la sensación de hambre análoga a la del adulto sólo se forma en los niños hacia los 6–7 meses de vida.

Algunos niños succionan mucho y con frecuencia todo aquello que les llega a la boca: sus propios dedos, los de la madre, chupetes, trozos de tela y, por supuesto, el pecho y el pezón. Muchas madres piensan que si el niño succiona mucho, es señal de que tiene hambre. Por ello, le dan alimentos complementarios, cosa de la que no tiene ninguna necesidad. Existe una diferencia esencial entre succionar el pecho para sentir comodidad y succionar el biberón:

Succión del pecho para sentir comodidad. Tras extraer la porción principal de leche, esta continúa fluyendo, pero mucho más lentamente. Es decir, si el niño sigue succionando el pecho, extrae poca leche.

Succión del biberón para sentir comodidad. Del biberón, en cambio, la leche fluye rápidamente en todo momento. Por tanto, si el niño continúa succionando, comerá en exceso y luego sufrirá por sobrepeso.

Qué debe saber la madre sobre la succión para obtener comodidad:

  • Los niños succionan el pecho para sentir comodidad, no para saciar el hambre.
  • El niño no necesita alimentación complementaria con biberón ni de otro tipo.
  • Si el niño llora, se le puede mantener más tiempo al pecho.
  • Si el niño experimenta una incomodidad aguda relacionada con la necesidad de alimentarse, la succión del pecho aumentará el flujo de leche.
  • Si el niño está inquieto o siente alguna molestia, la succión del pecho y la cercanía con la madre lo calmarán.

Alimentación ilimitada y funcionamiento del sistema digestivo

Los temores de que el niño coma en exceso durante tomas frecuentes y prolongadas carecen de fundamento. En el estómago del bebé, los alimentos no se retienen, sino que pasan directamente al intestino delgado. El intestino del lactante está adaptado para digerir leche materna en cantidades prácticamente ilimitadas.

En primer lugar, la longitud relativa del intestino del lactante es mayor que la del adulto: el intestino del recién nacido es seis veces más largo que su cuerpo, mientras que el del adulto solo 4,5 veces.

En segundo lugar, la leche materna contiene lipasa y otras enzimas que ayudan al sistema digestivo del niño a digerir grasas y otros nutrientes presentes en la leche materna.

En tercer lugar, las proteínas de la leche materna no solo se asimilan mediante enzimas, sino también por penetración directa en forma inalterada, primero en los tejidos del estómago e intestino, y luego en la sangre. Además, durante las primeras semanas de vida, las proteínas de la leche materna se absorben incluso en los túbulos renales del recién nacido.

Al comienzo de la vida, la actividad de las propias enzimas del niño es baja. Sin embargo, la leche materna contiene sustancias que estimulan su actividad, además de aportar enzimas adicionales que ayudan al bebé a asimilar proteínas, grasas e hidratos de carbono. La leche materna es un alimento único que se autodigiere.

Así, la rápida evacuación del contenido gástrico al intestino, la longitud relativamente mayor del intestino, y la presencia en la leche materna de enzimas y estimuladores de las enzimas del niño constituyen adaptaciones para una alimentación casi continua. El bebé puede succionar el pecho y consumir leche materna sin perjuicio para su salud, prácticamente de forma constante. Precisamente por esto los recién nacidos pueden mamar con mucha frecuencia y durante largos períodos.

Características de las deposiciones del lactante

La frecuencia de deposiciones en un bebé alimentado exclusivamente al pecho puede variar, especialmente durante las primeras semanas de vida. Normalmente, durante el primer mes, el bebé puede defecar ocho veces o más al día, con heces de consistencia muy blanda. Sin embargo, esto no es diarrea. Es necesario distinguir entre heces blandas del lactante alimentado al pecho y heces acuosas propias de la diarrea.

Por otro lado, al tercer mes de vida pueden pasar varios días sin deposición. Esto no constituye estreñimiento, sino que demuestra que la leche materna es un alimento excelente, que se absorbe casi por completo y genera muy pocos residuos.

Las heces duras en un bebé amamantado son un fenómeno bastante raro. Muchos niños «hacen fuerza» al defecar, pero esto no significa que tengan dificultades. El verdadero estreñimiento con heces duras es más común en los bebés alimentados con fórmula artificial.

Tomas nocturnas y sueño compartido

Las tomas nocturnas son necesarias para mantener una lactancia plena y prolongada. La succión del pecho entre las 3 y las 8 de la mañana —cuando los niveles de prolactina son más altos— estimula la producción de leche suficiente para las tomas diurnas posteriores. Además, para un desarrollo óptimo, el niño debe recibir tanto leche diurna como nocturna.

Otra ventaja del sueño compartido es que facilita enormemente las tomas nocturnas y permite a la madre descansar mejor. No necesita levantarse para ir junto al bebé, y el sueño del niño es mucho más tranquilo y prolongado. Por ello, el sueño de la madre también se vuelve más profundo y reparador. Además, son precisamente las tomas nocturnas (hasta los 6 meses) las que previenen un nuevo embarazo en el 98% de los casos.

Es completamente seguro para el bebé dormir en la misma cama que su madre. Ella responde con sensibilidad a cualquier movimiento o sonido emitido por su hijo. Puede seguir durmiendo ante el timbre estridente de un despertador, pero el más mínimo llanto del bebé la despierta inmediatamente. Solo en casos extremos —enfermedad grave, consumo de somníferos o estado de embriaguez— podría la madre hacerle daño al bebé al acostarse sobre él. Actualmente se sabe que el riesgo de muerte súbita del lactante (conocida erróneamente como «asfixia» o «sofocación») es mucho mayor cuando el niño duerme separado de su madre. Si una mujer siente preocupación por la vida y la salud de su hijo cuando duerme lejos de ella, significa que ya se ha convertido en una verdadera madre.

Exclusión de suplementos alimenticios

La leche materna es un alimento y bebida equilibrados que cubren plenamente todas las necesidades vitales del lactante. Con una lactancia correctamente organizada —agarre adecuado, tomas frecuentes y prolongadas, sueño compartido y alimentación nocturna— el bebé no necesita ningún alimento adicional hasta los 6 meses de vida.

Exclusión de líquidos complementarios

Para preservar una lactancia materna plena y la salud del niño, la madre debe abstenerse completamente de darle agua u otras bebidas (tés, agua de anís, etc.). Anteriormente, los pediatras recomendaban administrar agua, considerando la leche materna únicamente como alimento y temiendo la deshidratación. Estos temores carecen de fundamento. La leche materna contiene entre el 87% y el 90% de agua, por lo que, con tomas frecuentes y completas, las necesidades hídricas del bebé están plenamente cubiertas. Numerosos estudios han demostrado que incluso en climas cálidos la leche materna satisface plenamente las necesidades de líquidos del lactante.

Además, en el cerebro del recién nacido, los centros de sed y saciedad prácticamente coinciden y se satisfacen simultáneamente. Al darle agua, los adultos engañan al bebé, generando una falsa sensación de saciedad. Esto provoca una succión débil y reduce la necesidad de leche materna, lo que lleva a la disminución de la lactancia. La administración de líquidos complementarios suele ser la causa de que las madres pierdan la leche y dejen de amamantar entre los 3 y 6 meses.

Peligro de las tomas con biberón y el uso de chupetes

Los niños succionan de forma distinta el pecho, el biberón y el chupete. Un niño alimentado con biberón tomará incorrectamente el pecho materno, lo que puede generar problemas a la madre. Numerosos casos demuestran que a veces basta una sola toma con biberón para provocar la llamada «confusión de tetinas». Como resultado, el niño puede rechazar el pecho, causando múltiples complicaciones en la lactancia.

El uso del chupete es igualmente peligroso. El niño que lo recibe se pone menos al pecho, ingiere menos leche materna y gana peso más lentamente. El chupete también provoca «confusión de tetinas», y estos niños rechazan el pecho con mayor frecuencia que aquellos que no lo usan. Si una mujer desea realmente amamantar a su hijo, no debe tener en casa biberones ni chupetes.

Alimentación de ambos pechos

No se debe cambiar al niño al segundo pecho antes de que haya vaciado completamente el primero. La leche materna no es homogénea: se distingue entre leche inicial —más líquida y dulce— y leche final —más espesa y nutritiva—. Al comienzo de la toma, el niño «bebe»; al final, «come». Si la madre ofrece prematuramente el segundo pecho, el niño no recibirá la leche final rica en grasas, y no experimentará la sensación de confort y saciedad corporal. Esto puede provocar problemas digestivos: intolerancia a la lactosa, heces espumosas, etc. Una succión prolongada de un solo pecho (entre 30 minutos y 1 hora) garantiza un buen funcionamiento intestinal y un aumento adecuado de peso. La alimentación de ambos pechos puede ser necesaria solo después de los 8 meses de edad.

Lavado del pecho

Al lavar el pecho, especialmente con jabón, se elimina de la piel del pezón y la areola una capa protectora de grasas que contiene factores defensivos contra microbios patógenos. El lavado frecuente con jabón reseca la piel y provoca excoriaciones, grietas y mastitis. Por tanto, no es necesario lavar el pecho antes de cada toma. Basta con hacerlo diariamente o cada tres días durante la ducha habitual, evitando en lo posible el contacto del pezón y la areola con productos de limpieza.

Ordeño

Si la madre amamanta a demanda o según el ritmo del niño, no es necesario ordeñar regularmente tras cada toma. En una lactancia normal, el ordeño interfiere con la alimentación natural, ya que resulta incómodo y consume tiempo y energía que podrían dedicarse al niño o a las tareas domésticas.

Además, el ordeño regular y prolongado agota los recursos del organismo materno y acorta la duración total de la lactancia. Las mujeres que practican ordeño adicional regular suelen dejar de amamantar entre los 6 y 13 meses, cuando podrían mantener la lactancia hasta los 2–3 años.

El ordeño adicional regular reduce la duración de la lactancia materna.

Acción del inhibidor

La creencia de que el ordeño ayuda a mantener la lactancia es errónea. Su efecto está relacionado con la acción del inhibidor. Cuando el pecho se llena de leche, la presión del flujo lácteo sobre las células mamarias provoca la producción de una sustancia especial —el inhibidor de la lactancia— que frena la acción de la prolactina y detiene la secreción de leche. El inhibidor «le dice» a la glándula mamaria: «¡Basta! ¡Hay demasiada leche!», y esta deja de producirla. Al extraer la leche, el nivel de inhibidor disminuye y la secreción se reanuda. Cuanta menos leche quede en el pecho, menor será la producción de inhibidor. Este es el mecanismo fisiológico que regula la producción de leche según la demanda del niño. Mientras el niño vacíe el pecho, no se produce inhibidor y la secreción continúa normalmente. Idealmente, la madre llega a producir exactamente la cantidad de leche que el niño necesita en cada momento.

Al ordeñar, eliminamos el inhibidor de la glándula mamaria, y cabe esperar que en la siguiente toma llegue la misma cantidad de leche que antes. Por eso se tiene la impresión de que el ordeño ayuda a mantener la lactancia. En realidad, el ordeño regular interfiere en la interacción del sistema «madre-hijo» y perturba la autorregulación de la lactancia, causando daño.

Indicaciones para el ordeño

Sin embargo, hay situaciones en las que el ordeño sí ayuda a restablecer el funcionamiento normal del sistema «madre-hijo»:

  • tratamiento de la ingurgitación mamaria;
  • tratamiento de la ingurgitación (obstrucción del conducto), mastitis o absceso;
  • tratamiento de grietas en los pezones;
  • insuficiencia de leche (para aumentar su producción);
  • suplementación de un bebé debilitado o prematuro;
  • separación forzada de madre e hijo;
  • reincorporación laboral de la madre.

Si la madre debe reincorporarse al trabajo pero desea mantener la lactancia, el ordeño puede ayudarla. Pero debe tenerse en cuenta que el efecto del ordeño no está vinculado al reflejo de la prolactina. Esto significa que si el niño deja de succionar un pecho, este dejará de producir leche, incluso si sigue succionando el otro pecho y estimulando la prolactina. Por tanto, el ordeño solo mantiene la producción de leche si el niño no ha dejado de mamar del pecho.

Pesaje del niño

Para verificar que al niño le alcanza la leche materna, puede pesarse mensualmente o cada dos meses; si hay motivos de preocupación, semanalmente. Un niño sano, bien alimentado, gana entre 120 y 500 gramos por semana. Los pesajes frecuentes (diarios o varias veces al día) no aportan información objetiva sobre la calidad de la alimentación, pero sí alteran emocionalmente a madre e hijo, lo que reduce la lactancia y frena la ganancia de peso del bebé.

Apoyo a la madre

Para una lactancia exitosa, las madres jóvenes necesitan comunicarse con mujeres más experimentadas que hayan tenido una experiencia positiva con la lactancia. Esto les brinda confianza y consejos prácticos para establecer la lactancia. Por ello, se recomienda que las madres jóvenes acudan cuanto antes a grupos de apoyo a la lactancia materna.

Las mujeres que han contado con el apoyo de madres experimentadas o consultoras de lactancia logran amamantar con éxito hasta el año y más en 9 de cada 10 casos.

Alimentación de la madre lactante

Durante la lactancia, la mujer no necesita dietas especiales ni restricciones. Ningún mamífero cambia su dieta tras el parto ni adopta una alimentación estricta. Las mujeres no son una excepción. Para mantener la composición adecuada de la leche materna y cubrir las necesidades nutricionales del niño, a la madre le basta con comer un trozo de pan tres veces al día y beber agua. Sin embargo, esta dieta afectaría negativamente su propia salud. Para mantener su organismo en buen estado, necesita una alimentación completa. La mejor dieta para una madre lactante es seguir sus antojos alimenticios, que en esencia son señales de carencia de ciertas sustancias en su organismo.

A veces, las madres lactantes adoptan diversas dietas por temor a que el niño desarrolle dermatitis atópica. Estas medidas solo son pertinentes si la madre es alérgica. En caso de alergia materna manifiesta, el niño puede padecer dermatitis. Pero en tal caso, la mujer ya habría controlado su dieta antes del nacimiento del bebé. Esta corrección dietética es vital para ella y no está relacionada con la lactancia.

También existe un mayor riesgo de alergia en niños cuyo padre es alérgico. Pero antes de eliminar alimentos de su dieta, la madre debe confirmar si el niño presenta reacciones alérgicas. Además, hoy se sabe que la dermatitis atópica en lactantes suele deberse no a un alimento específico, sino a aditivos alimentarios utilizados en la industria, así como a efectos secundarios de la vacunación.

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